Internet ya no es lo que fue

Viernes, 3 de Septiembre de 2010

Leo en mi Kindle la edición de esta semana de The Economist que incorpora un interesante artículo sobre las barreras que se le están poniendo a Internet en casi todos los países del mundo por parte de empresas, gobiernos y operadoras de telefonía, agentes que pretenden exclusivamente promover sus intereses políticos o comerciales.

Los principales muros a los que alude la revista británica son tres. Uno primero de tipo nacional, con China como máximo exponente, que censura websites y monitoriza el tráfico de los usuarios para definir lo que la población puede ver y hacer en la Red. Australia también quiere levantar su propio cortafuegos en el ámbito nacional para acabar con contenidos completamente execrables, pero que suponen una barrera a la libre circulación de información que define la Red.

En la siguiente tabla puede verse el número de solicitudes por parte de las agencias estatales (en España, la Agencia de Protección de Datos) para borrar información de los usuarios en Google o la obtención de información de los usuarios. España ocupa el séptimo lugar en el mundo en solicitudes de dicha información y el noveno en requerimientos para la eliminación de datos.

Solicitudes de borrado a Google en el mundo

Fuente The Economist

El segundo muro hace referencia a los “walled gardens” (“jardines cerrados”) que están resucitando de nuevo cuando hace una década parecían estar sentenciados. Apple, Amazon, Google, Facebook han creado sistemas y servicios propietario que no permite interactuar con los demás. Estas compañías ejercen de “gatekeeper” (“guardias”) al decir a los usuarios lo que pueden o no hacer en Internet. Traigo a colación el ejemplo del artículo de Wired sobre la muerte de la web en el pasado agosto.

Si al final todos acabamos navegando en nuestros androides o iPhones a través de las aplicaciones que se autorizan desde Google o Apple, se nos está privando el acceso a unos servicios que forman parte de la propia esencia de Internet.

Leía esta semana el ejemplo de un empresario restaurador norteamericano que ha tenido que invertir unos 4 millones de dólares para volver a existir en Google. Tras aparecer en los primeros puestos, un día de repente desapareció al ser penalizado por el buscador tras comprar enlaces a otros webs.

El tercer ejemplo que se cita es el de las operadoras de telefonía que quieren extender su negocio más allá de la simple conexión. Dichas compañías han observado en su cuenta de resultados que las facturaciones de telefonía han descendido porque aparte de que nos comunicamos de manera diferente, con mensajes en Facebook, Twitter o email, los servicios de telefonía sobre VoIP aprovechan las redes de estas operadoras para prestar un servicio que ante lo ofrecían las propias compañías de telecomunicaciones.

Y añado. Si Telefónica quiere destruir la tarifa plana que asuma el riesgo, sea valiente y se lance, porque el resto de compañías apenas le han seguido y están esperando un falso movimiento de la operadora que les permita llevarse sus clientes.

En definitiva, lamentablemente del Internet abierto de hace 15 años apenas queda poco más que el nombre, pero como usuarios tenemos la obligación y oportunidad de mostrar a gobiernos, empresas y operadores nuestra negativa a que se quebrante la universalidad del conocimiento, de las ideas y del progreso.

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Jorge Mestre Internet e Innovación ,

¿Es Antoni Asunción un extravagante?

Jueves, 2 de Septiembre de 2010

Esa misma pregunta me la hice ayer, pero a día de hoy y después de haber escuchado las declaraciones de Antoni Asunción en distintas emisoras de radio, me inclino a pensar que el candidato inesperado a disputar el liderazgo de Jorge Alarte ni es el candidato de la derecha como algunos sugieren, ni detrás de él hay nadie de la dirección socialista que le haya animado a dar batalla.

Más bien y por su conducta a lo largo de su carrera política, Asunción siempre ha sido Asunción. No le importó dejar de ser ministro a pesar de la oposición de Felipe González, ni tampoco se amilanó ante Joan Lerma. Antoni Asunción siempre ha hecho lo que ha querido, y ha entrado y salido de la política cuando se le ha antojado.

Yo considero al candidato sorpresa socialista un agente del cambio, un provocador, dispuesto a romper con el pensamiento único y despertar las conciencias en el partido para el que ha militado durante tantos años.

Asunción criticaba esta mañana el excesivo empeño socialista en basar su oposición en el caso Gürtel, sin haber aún sentencia judicial, y cuando existe una crisis económica, miles de personas en paro y otros problemas que han sido marginados por el PSPV en su hoja de ruta para llegar a la Generalitat.

Frente a él han empezado a surgir algunos profesionales de la política que han tachado su actitud como una osadía y a través de un argumento maniqueo pretenden recordarle que su paso por la política expiró hace años y que lo poco o mucho que le queda por hacer es situarse al margen del proceso electoral. Todo eso aderezado con acusaciones de querer enredar y desestabilizar.

A Antoni Asunción le asiste el mismo derecho que a Alarte de ser candidato socialista, pues es también miembro del partido, además de tener el privilegio, que ya quisieran algunos políticos en este país, de no depender para nada de la partitocracia para sobrevivir.

Pero lo que más me interesa no es tanto lo que se ha dicho sobre él, sino lo que él ha declarado. Su propuesta de un gobierno de coalición para la Comunidad Valenciana es una idea que también escuché a Javier Paniagua y que cada día gana más adeptos. Creo que es la tendencia generalizada en los gobiernos de los países más relevantes y aquí tendrá que llegar. Reino Unido, Suecia, Finlandia, posiblemente EE UU con una victoria republicana en las elecciones de noviembre y Alemania son ejemplos vivos de que las ortodoxias en política se han terminado y que los gobiernos basados en el consenso son los que tienen mayor recorrido. Frente a ello, la división política sólo frustra las políticas de largo alcance.

Pese a quienes se empeñan en describir a Asunción como una anécdota, ojalá contribuya con su gesto a despertar del aletargamiento no sólo a los militantes socialistas, sino a la militancia de todos los partidos.

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Jorge Mestre Política española, Política valenciana , , , ,

Apple no se rinde con el iPod

Jueves, 2 de Septiembre de 2010

Hace casi un año que escribí sobre la muerte del iPod y un año después me ratifico en lo dicho. Pese a que Steve Jobs haya presentado esta semana el nuevo diseño del reproductor mp3, ni me sorprendo, ni me inquieto.

Siento una admiración personal por Steve Jobs, como emprendedor y como persona, lo considero uno de los protagonistas de la revolución tecnológica de los últimos 25 años, un visionario sobre la usabilidad de los sistemas operativos, la intuición en su manejo, por acercar los ordenadores a millones de personas y ser capaz de hacer de su marca un objeto de culto para esa legión de applemaníacos que consumen toda las novedades que el “mesías” Jobs presenta durante el año. A Jobs se le debe mucho por haber revolucionado también la industria musical y haber demostrado que la música digital puede generar negocio a los artistas y satisfacción a los usuarios.

Sin embargo, ese empeño que tiene Steve Jobs de querer reinventar la rueda año tras año, con toda su maquinaria de marketing detrás, me resulta cansino. El iPod no tiene más recorrido que el que tuvo hasta hace nada. Los reproductores mp3 se pueden fabricar de mil maneras y, año tras año, Jobs nos muestra una manera de hacerlos que hasta ahora fue muy similar y que ahora es completamente diferente.

Tengo en casa una colección de tres modelos diferentes de iPod Nano, aquel primero que salió en 2001 con pantalla en blanco y negro, otro con la pantalla a color y el último lo adquirí hace un año, en un arrebato compulsivo, mientras mataba el tiempo en el aeropuerto londinense de Gatwick. Me salió muy barato, pero con el tiempo me ha salido caro.

Yo soy de los que piensa que Apple ha de reconocer que los sistemas de reproducción musical sin descarga, como Spotify, son la opción más viable en estos tiempos. A mi no me importa pagar los 9 euros de la tarifa premium de Spotify porque del uso que le doy, acaba echando humo.

Para mí, como imagino que para muchos de los que leéis estas líneas, el iPod era una buena solución para ir de viaje, de camino al trabajo o cuando salía a correr, pero desde hace tiempo que con Spotify tengo cubiertas mis expectativas. Hace unas semanas que he intentado combinar en mi Androide sobre el HTC Hero, Spotify junto con Runkeeper, esta última una estupenda aplicación que te conecta a través del GPS del móvil con Google Maps y te calcula tu velocidad media, distancia recorrida exacta y te permite configurar tus rutas. Pero Steve Jobs no me puede dar con su iPod todo eso. Pero ni a mí, ni a muchas personas.

Leo el dato de que Sony acaba de romper la hegemonía de Apple en venta de reproductores musicales en Japón, liderazgo que tenía desde 2005. Lo que le ha pasado a la empresa de Jobs es que muchos de sus usuarios han migrado al iPhone, algo similar a lo que ocurre en el resto de países del mundo y que supone una tendencia generalizada. Los usuarios se decantan cada vez más por escuchar música en los teléfonos móviles, a pesar de Telefónica y de sus intentonas por acabar con la tarifa plana y hacer negocio con quienes usamos el móvil para escuchar la música vía streaming.

La duda que me queda es si en septiembre de 2011, Steve Jobs persistirá con el iPod. Mi estrategia sería que intentase migrar sus clientes de mp3 hacia la telefonía móvil para no canibalizarse en exceso y seguir perdiendo ventas.

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