Quienes hablaron de crisis en el 2008 fueron tildados de antipatriotas. Quienes en el 2009 advirtieron del riesgo de que se podía llegar a los cuatro millones de parados fueron tachados de alarmistas. Quienes se pusieron la venda en los ojos para negar las sucesivas evidencias deben ser considerados unos demagogos irresponsables. Y ahora, que el lector reparta responsabilidades según su leal saber y entender.Estamos en febrero de 2010. El número de parados inscritos en las oficinas del INEM supera ya los 4.326.500, según las últimas y dramáticas cifras oficiales publicadas. El vapuleo sufrido por el Ibex 35 la pasada semana es consecuencia directa de la pérdida de confianza en España y su capacidad para hacer frente a la deuda. Ha sido necesaria esa coincidencia de adversidades para que el presidente Rodríguez Zapatero anunciase que su gobierno había aprobado una reforma laboral.
En la tarde del mismo viernes, en que el Gobierno aprobaba el esquema de su reforma laboral, el presidente reunía en La Moncloa a patronal y sindicatos para hacerles entrega de un esbozo, borrador, memorándum, o algo parecido… que contenía las presuntas bases de una presunta reforma. Los agentes sociales pusieron cara de póquer en la rueda de prensa que ofrecieron tras reunirse con el presidente, para evitar que se les notase mucho que estaban poco menos que ‘in albis’.
Así, el todavía presidente de la CEOE, Gerardo Díaz Ferrán, y los sindicalistas Cándido Méndez y Fernández Toxo, ni hicieron otra cosa que tratar de nadar y guardar la ropa. En más de un momento de esa comparecencia, unos y otros dieron la impresión de que en la monclovita reunión no se había hecho otra cosa que la de recibir el concreto encargo de volver a sentarse a negociar. O lo que es lo mismo, retomar el mismo diálogo social que en los dos años anteriores se había saldado sin ningún tipo de acuerdo.
Una vez más el presidente Rodríguez, muy en su papel de lavarse las manos, se desembarazaba de la directa responsabilidad del gobernante y la dejaba en manos de sindicatos y patronal. A partir de aquel momento todo cuanto pudiera pasarle a la reforma laboral sería culpa de los agentes sociales. Él ya había cumplido y se sentía liberado de toda culpa y pecado. Y más después de haber participado en el Desayuno Nacional de Oración, en Washington, en donde echó mano de un par de versículos del Deuteronomio: “No oprimirás al jornalero pobre y menesteroso, ya sea de tus hermanos o de los extranjeros que habitan en tu tierra dentro de tus ciudades. En su día le darás su jornal, y no se pondrá el sol sin dárselo; pues es pobre, y con él sustenta su vida”. El presidente, en su cita bíblica, obvió las últimas palabras del versículo: “… para que no clame contra ti a Jehová, y sea en ti pecado”.
Ése jornalero, como los otros más de cuatro millones trescientos mil parados, lo que están deseando y esperando es volver al curro, olvidándose de la maldición apocalíptica que se ha cebado sobre el empleo en España. Ése jornalero lo que espera es que el Gobierno, su Gobierno, se ponga las pilas, actúe, decida. Ése jornalero, es evidente, es un iluso, porque el Gobierno ni está ni se le espera en la solución del problema del paro. Y lo peor es que algunas de las previsiones conocidas este mismo fin de semana, vaticinan que el paro seguirá creciendo en España en el 2010, que podrá llegar al 22 por ciento lo que elevará la cifra de parados hasta superar los cinco millones.
Cómo será la sensación de pesimismo, cada vez más extendida y contagiosa, que la noche del sábado recibí un aviso que me pareció de lo más alarmante: “María Antonia Iglesias acaba de darle un buen repaso al presidente Rodríguez Zapatero en el programa ‘La noria’. ¡Como está el patio para que se escuchen cosas así!”. Fin del mensaje. La periodista, contertuliana de Tele 5, había dicho que el presidente del Gobierno no podía seguir inactivo frente a la crisis, considerando un error el anuncio que había hecho de la reforma laboral en tanto en cuanto que patronal y sindicatos la daban por buena.
Cómo ha de estar el patio para que hasta María Antonia Iglesias se manifieste así.